Al igual que la nube, las SDN sufren fatiga por exceso de definiciones

Ecosistema de F5 | 28 de septiembre de 2015

En los primeros tiempos de la nube, que no quedan tan lejos, era habitual ver informes sobre su crecimiento y adopción que ensalzaban la incomparable penetración de mercado de la «nube» sin distinguir entre sus principales modelos (IaaS, PaaS y SaaS, por si lo habías olvidado). Esto daba la impresión de que los tres modelos estaban experimentando un crecimiento increíble y de que la nube, como algunos vaticinaban, acabaría con el centro de datos tal y como lo conocíamos.

Avancemos unos años hasta la actualidad: ahora disponemos de análisis más detallados del mercado que indican que el espectacular auge de la nube se produjo principalmente en el ámbito del SaaS, ya que las partes interesadas de las líneas de negocio (LOB) vieron las ventajas de pasar de un modelo en el que TI implementaba software empaquetado para ellas a otro en el que el SaaS les proporciona hoy lo que necesitan. Sin lugar a dudas, el mayor crecimiento de la «nube» hasta la fecha ha sido el traslado de las operaciones empresariales desde las instalaciones propias a aplicaciones «en la nube».

Tengamos en cuenta que «para 2018, el 59 % del total de las cargas de trabajo en la nube corresponderá a software como servicio (SaaS), frente al 41 % de 2013. Cisco prevé que, para 2018, el 28 % del total de las cargas de trabajo en la nube corresponderá a infraestructura como servicio (IaaS), frente al 44 % de 2013. El 13 % del total de las cargas de trabajo en la nube corresponderá a plataforma como servicio (PaaS) en 2018, frente al 15 % de 2013. El siguiente gráfico ofrece un análisis comparativo de las previsiones de IaaS, PaaS y SaaS entre 2013 y 2018.» (http://softwarestrategiesblog.com/tag/idc-saas-forecasts/)

Imagen-Resultados-Cisco-SaaS-IaaS-PaaS

Así pues, cuando se pregunta en términos generales a una organización si está adoptando la «nube», lo más probable es que la respuesta sea afirmativa. Esto no aporta ninguna información sobre el tipo de nube que está adoptando y, por tanto, hace que sea casi imposible predecir o valorar qué tipo de retos podría afrontar como consecuencia de dicha adopción. Al fin y al cabo, cada modelo de nube conlleva sus propios retos y, aunque algunos son comunes —la gestión de identidades puede ser un problema en los tres modelos—, otros no lo son: la seguridad de las aplicaciones web supone un reto principalmente para las aplicaciones implementadas en IaaS, no en SaaS.

Así que, básicamente, el término «nube» carece en cierto modo de significado si no se acompaña de algún calificativo.

Esto también se aplica hoy en día a las SDN, donde coexisten diversos modelos, cada uno con sus propios requisitos arquitectónicos específicos y, por tanto, sus propios retos.

Veamos esta diatriba de mi colega Nathan Pearce sobre la inclusión de los protocolos de superposición (VXLAN y NVGRE) en la definición de SDN: ¿Qué protocolo SDN es el adecuado para usted?. Nathan señala acertadamente que, si vamos a incluir los protocolos de superposición en la definición de SDN, también debemos considerar como SDN otros protocolos de encapsulación.

El problema, por supuesto, es que, al igual que la nube, la SDN adolece de una definición tan amplia que engloba múltiples modelos. Está la definición tradicional (o clásica, si se prefiere), basada en OpenFlow y que incluye únicamente la red sin estado (capas 2-4). También está el modelo arquitectónico, que se centra en hacer operativa la red y aborda la programabilidad de la SDN desde la perspectiva de automatizar el aprovisionamiento y la gestión. Esto suele denominarse, en términos generales, «gestión y orquestación de redes» (MANO).

Luego está el modelo que es una especie de combinación y que se basa en la programabilidad para crear una red automatizada en toda la pila; abarca las siete capas del modelo OSI, pero se centra en la capacidad de la red para adaptar el enrutamiento y la aplicación de políticas en función del tráfico en tiempo real. Este modelo se denomina más propiamente «redes automatizadas».

Cada uno de estos tres modelos conlleva sus propios retos (y también sus ventajas). Y nada impide que una organización combine estos modelos para alcanzar sus objetivos (del mismo modo que el 82 % de las organizaciones tiene previsto adoptar una estrategia multinube (RightScale, State of the Cloud 2015)). Pero lo cierto es que, si le preguntas a alguien si está adoptando o implementando SDN y responde que «sí», en realidad no tienes ni idea de lo que está haciendo. ¿Se trata de OpenFlow? ¿OpenStack? ¿OpenDaylight? ¿Open-hicimos-unos-scripts-para-automatizar-la-red?

Las estadísticas actuales sobre la adopción de SDN no son muy alentadoras y, desde luego, están muy lejos de las que presentaba la nube en la misma fase de madurez del mercado.

Pero, dada la disparidad de definiciones, es bastante plausible (y probable) que lo que realmente esté ocurriendo no sea una falta de adopción o interés, sino más bien la ausencia de una definición común.

Voy a respaldar esa afirmación con algunos datos que indican que, aunque las organizaciones quizá no digan que están aplicando SDN (o DevOps, que también adolece de cierta saturación en torno a su definición), es probable que sí lo estén haciendo.

En los resultados recopilados para nuestro informe más reciente sobre el estado de la entrega de aplicaciones (la edición de 2016, que estará disponible, cómo no, en 2016), el número de respuestas que indicaban que realmente se estaba «utilizando SDN» fue bastante desalentador, teniendo en cuenta cuántos años lleva SDN siendo «lo que hay que hacer». Sin embargo, al analizar en detalle las respuestas sobre el uso de la automatización y los scripts, la historia es completamente distinta: el 67 % de los encuestados utiliza al menos una herramienta o un marco de automatización, y más de la mitad utiliza dos o más.

Y cuando hablo de «herramienta» o «framework», incluyo Python, Juju, Chef, Puppet, OpenStack, VMware y Cisco.

El uso de estos marcos y herramientas indica un mayor interés por las dos últimas definiciones de SDN —las que se centran en la automatización y la orquestación—, en lugar de por la definición clásica basada en OpenFlow.

Pero nosotros (es decir, quienes elaboramos la encuesta) no preguntamos por cada uno de los modelos de SDN, sino por la «SDN» en general. Esto deja la definición abierta a interpretaciones, del mismo modo que el amplio término genérico «nube» dejó abiertos a interpretación los resultados de las primeras encuestas sobre su adopción.

Debemos ser más cuidadosos con el uso que hacemos del término SDN y con lo que significa. ¿Incluye los protocolos de superposición? ¿No los incluye? ¿Estamos hablando de automatización de redes o de automatizar redes? ¿O nos centramos en los modelos de red clásicos basados en OpenFlow?

La respuesta a esa pregunta permitirá, en última instancia, que todos comprendamos mejor hasta qué punto se está adoptando (o no) la SDN en la actualidad y, con suerte, evitará que a mis pobres colegas les estalle la cabeza cuando alguien sugiera que los protocolos de superposición deberían incluirse dentro de la «SDN».

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Etiquetas: DevOps, 2015

Sobre el autor

Lori Mac Vittie
Lori Mac VittieIngeniero distinguido y evangelista jefe | F5

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.

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