El llamamiento se difundió a través de prácticamente todos los medios de comunicación. Se necesitan urgentemente programadores de COBOL.
No, no se trata de un regreso nostálgico al efecto 2000. Ocurrió este mismo año, 2020, en plena pandemia de COVID-19. Los sistemas que procesan las solicitudes de prestaciones por desempleo estaban en peligro. Desarrollados en COBOL el siglo pasado, sencillamente no podían ampliarse para hacer frente a una demanda abrumadora.
La existencia de estos sistemas y de la tecnología subyacente no debería sorprendernos. El uso de ordenadores centrales y de sistemas que se acercan a los sesenta años de antigüedad es más habitual de lo que podría pensarse. Nuestra propia investigación reveló que, de media, el 11 % de la cartera de aplicaciones de una empresa sigue estando compuesta por «ordenadores centrales y sistemas monolíticos».
Una encuesta de Micro Focus reveló que las actitudes hacia COBOL, en particular, eran optimistas:
Se prefirió la modernización a la sustitución y retirada de los sistemas antiguos: en 2020, el 63 % de los encuestados optó por mejorar sus sistemas COBOL existentes. Además, el 92 % de los encuestados consideraba que las aplicaciones COBOL de su organización eran estratégicas, frente al 84 % en 2017.
COBOL y los mainframes que siguen sustentándolo han llegado para quedarse.
El carácter estratégico de estas aplicaciones se debe a su implementación y estrecha integración con los procesos empresariales. Cuando se desarrollaron, era habitual que no se limitaran a facilitar dichos procesos, sino que los plasmaran en una aplicación. A todos los efectos, estas aplicaciones son el negocio.
Con la llegada de Internet y los avances posteriores, las aplicaciones pasaron a complementar el negocio. Actuaban como un canal adicional a través del cual se transferían datos críticos a un sistema «central», a menudo una aplicación desarrollada en COBOL que se ejecutaba en un mainframe.
Hoy vemos cómo las aplicaciones dejan de ser un mero complemento para convertirse en un sustituto. Una vez más, las aplicaciones se están convirtiendo en la manifestación digital del negocio, en lugar de ser un método auxiliar para recopilar datos. Esta evolución se refleja en las tres fases de la transformación digital, en las que una organización implementa, amplía e integra la tecnología en el negocio hasta que las aplicaciones son el negocio.

Un porcentaje significativo de las aplicaciones que se están desarrollando durante el proceso de transformación digital son nativas de la nube, es decir, están basadas en microservicios. Es probable que estas aplicaciones, al igual que sus predecesoras en COBOL, sean tan críticas que también sigan funcionando dentro de cincuenta o sesenta años.
Piense en la cantidad de empresas que hoy en día no pueden funcionar sin aplicaciones. Cuando los sistemas de punto de venta (TPV) no pueden comunicarse con los procesadores de pagos, ¿puede seguir realizando una compra? Si los sistemas bancarios no funcionan, ¿puede hacer un ingreso? ¿Y retirar dinero? ¿Puede su empresa transferirle la nómina? ¿Qué parte de su hogar sigue funcionando si se queda sin electricidad?
El impacto de un nivel de integración tan profundo es existencial. Ya dependemos de los negocios digitales. A medida que las organizaciones avancen en su proceso de transformación digital, seguirá aumentando la dependencia de las empresas y los consumidores respecto de la tecnología. Muchos procesos empresariales se materializarán por primera vez en forma de aplicación. No reproducirán un proceso existente, sino que crearán otros nuevos. Estas aplicaciones serán tan esenciales como las aplicaciones COBOL de las que dependemos hoy en día (o quizá más).
Es probable que las aplicaciones basadas en microservicios que se están desarrollando para impulsar la transformación digital sigan funcionando durante muchísimo tiempo.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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