Existe mucha confusión en torno al concepto de «computación sin servidor». Esto podría deberse a que su nombre resulta bastante equívoco. No se refiere ni a los servidores ni a la computación, al menos no en el sentido tradicional en el que la mayoría de los profesionales de TI emplean estos términos.
Serverless es una denominación mucho más adecuada para Funciones como Servicio (FaaS) porque eso es lo que ofrece. Del mismo modo que FaaS es serverless, también lo son SaaS y, como cabría concluir acertadamente, PaaS. Esto se debe a que el servidor —la capacidad de computación— queda fuera de la ecuación desde la perspectiva del consumidor, que suele ser un desarrollador. Los recursos de computación (servidor y red) permanecen ocultos, y se aprovisionan, gestionan y escalan automáticamente mediante un entramado de automatización y orquestación que, en última instancia, controla el proveedor del servicio. Pagas por ello, pero nunca tienes que verlo.
La FaaS sin servidor no sustituye al SaaS, al PaaS ni a la nube en general. Es una opción más que se añade a los modelos existentes y ofrece a los desarrolladores la interesante posibilidad de invocar funciones bajo demanda. Se basa en eventos, lo que significa que la función se activa mediante un evento. A menudo, ese evento es la invocación de una llamada a una API, que adopta la forma de una solicitud HTTP con un URI muy específico. Sí, una llamada a una API.
El caso de uso de FaaS que se cita con más frecuencia es el procesamiento de imágenes o vídeos. Esto se debe a que los recursos necesarios suelen ser impredecibles, tanto en frecuencia como en capacidad. FaaS ofrece una forma asequible y eficiente de procesar dichos contenidos multimedia por cada llamada. Otro ejemplo podría estar relacionado con el ámbito del IoT, donde las acciones se desencadenan por eventos que se producen a través de una aplicación de control o del propio dispositivo. Y siempre está el caso de uso del backend de API, que suele resultar más comprensible para la mayoría que cualquier otro caso de uso, ya que las API suelen describirse como URI que invocan funciones. Independientemente de lo que haga la función, solo se ejecuta cuando la desencadena un evento específico y se espera que sea una función única y aislada.

Esto no es la nube tal y como estamos acostumbrados a verla o a hablar de ella. Esto se debe a que la nube (IaaS) se centra en la infraestructura y las operaciones, mientras que FaaS (así como PaaS y SaaS) se centra en las aplicaciones. Estos servicios están concebidos como un entorno de desarrollo en el que los desarrolladores pueden implementar código para realizar determinadas tareas como parte de un proyecto de aplicación más amplio. ¿Se puede crear una aplicación a partir de varias implementaciones de FaaS? Por supuesto. De hecho, en este sentido, FaaS es a SaaS lo que los microservicios son a los monolitos.
Pero esa es precisamente la cuestión. FaaS se centra en las aplicaciones, no en los servidores. No se puede implementar una nube con FaaS, pero sí desarrollar una aplicación. No se puede migrar una aplicación tal cual a un entorno «sin servidor». Hay que descomponerla y después reconstruirla o, mejor dicho, rediseñar su arquitectura como un conjunto de servicios FaaS.
Las combinaciones (¿o son permutaciones?) son numerosas. Se podría integrar FaaS junto con PaaS desde una aplicación desplegada en IaaS. IaaS y PaaS podrían estar en las instalaciones, mientras que FaaS sería público.
Lo que ocurre con SaaS, PaaS y FaaS es que nunca se ven los «servidores». Esto no sucede con IaaS, donde llamamos «instancias» a los servidores y debemos gestionarlos y mantenerlos. Esto se debe a que IaaS —ya sea local o pública— consiste en proporcionar infraestructura y operaciones, no aplicaciones. Siempre ha sido así, pero durante la última década hemos podido pasarlo por alto porque «servidor == aplicación» ha sido la norma durante mucho tiempo.
Pero con el auge de los microservicios y las API, y ahora de FaaS, ya no podemos seguir operando según el modelo «servidor == aplicación», porque sencillamente ya no se corresponde con la realidad.
A fin de cuentas, FaaS no gira en torno a los servidores, ni siquiera realmente a la nube (en el sentido en que hemos llegado a entenderla). Pero sí supone un cambio significativo en la forma en que podríamos diseñar la arquitectura y desarrollar las aplicaciones.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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