
Un controlador de entrega de aplicaciones (ADC) preparado para la nube no es un ADC tradicional. Disponible para su implementación en hardware personalizado o comercial (COTS), es una solución de software escalable que satisface la necesidad de una entrega e implementación de aplicaciones rápidas, seguras y con alta disponibilidad. Un ADC preparado para la nube permite adoptar un enfoque moderno de dos niveles para las arquitecturas de centros de datos, que combina la estabilidad, la seguridad y la escalabilidad tradicionales con funciones programáticas modernas, flexibles, compatibles con la nube y adaptadas a DevOps.
¿Qué ventajas ofrece para la empresa?
Mucho antes de DevOps o de la nube, ya existía la BPM. Para quienes no se vieron obligados por sus editores a sumergirse de lleno en su extraño mundo regido por el software, esas siglas significan gestión de procesos de negocio. No, no estoy resentido, pero sí marcado, muchas gracias. Poco después de la BPM llegó la optimización de procesos de negocio (BPO), aunque, por supuesto, eso no ocurrió hasta que la primera oleada de BPM irrumpió con fuerza en el mundo empresarial y le enseñó a automatizar y coordinar procesos de negocio críticos para ganar agilidad (introducir cambios rápidos en los procesos en función de unas condiciones empresariales variables), además de mejorar la productividad. La optimización llegó más tarde, pero vaya si llegó.
Las conversaciones en torno a la nube, DevOps y, cada vez más, NetOps se centran de forma más específica en las ventajas de la automatización. En concreto, destacan su capacidad para acelerar la comercialización, reducir los costes operativos y permitir que las organizaciones de TI alcancen la escalabilidad necesaria ante el crecimiento desbordante de las aplicaciones. Porque la agilidad es lo que importa.
De lo que no se habla tan a menudo es de ese segundo componente: la productividad. Puede parecer obvio que la automatización mejora la productividad. Si la automatización permite realizar una tarea con mayor rapidez, es lógico que una persona que la utilice pueda llevar a cabo muchas más tareas en un periodo determinado. Porque así es como se mide la productividad: por el número de tareas completadas en un periodo de tiempo. Que se trate de horas o días, semanas o meses, no es lo importante. Lo que importa es el volumen y si este aumenta como resultado de las inversiones realizadas. Inversiones en la nube, la automatización o aplicaciones que permiten completar las tareas con mayor rapidez.
Ahora bien, cuando hablamos de aplicaciones en el contexto de la productividad, la gente suele pensar inevitablemente en sistemas CRM, aplicaciones de inventario que escanean etiquetas RFID o cualquier otra solución muy orientada al ámbito empresarial. No solemos pensar en las aplicaciones que el departamento de TI utiliza para gestionar, supervisar e implementar los servicios cada vez más definidos por software que proporcionan esas aplicaciones.
Y, sin embargo, deberíamos hacerlo. El éxito empresarial se mide en términos de ingresos y crecimiento. Y nada perjudica tanto a ambos como el aumento desmesurado de los presupuestos de TI, provocado por la necesidad de desplegar aplicaciones con mayor rapidez y frecuencia. Dos factores que, al plasmarse en ecuaciones matemáticas claras y precisas, se parecen mucho a los que se utilizan en el ámbito empresarial para medir la productividad.

No subestime el poder de la productividad. En una encuesta reciente de Tech Pro Research sobre los próximos presupuestos (de 2017), el gasto y las prioridades relacionados con la mejora de los procesos y la productividad se situaron sistemáticamente entre los tres primeros puestos para los encuestados. De las principales prioridades de TI para 2017, la primera y la tercera estaban relacionadas con la mejora de los procesos y el aumento de la productividad.
Esto también debería incluir la mejora de los procesos y el aumento de la productividad en TI, ya que esta área es cada vez más responsable directa del éxito empresarial. En un mundo dominado por las aplicaciones, la entrega de la aplicación (garantizando la seguridad, la velocidad y la escalabilidad) es un componente fundamental, sin el cual las aplicaciones no podrán desarrollar todo su potencial.
Eso significa que TI debe centrarse en arquitecturas de infraestructura que permitan y fomenten la eficiencia de los procesos y las mejoras en la productividad de su personal. Porque solo se puede asignar un número limitado de personas a un problema antes de que empiecen a entorpecer tanto los procesos como la productividad, en lugar de mejorarlos. Al fin y al cabo, demasiados cocineros estropean el caldo.
La productividad y los procesos de TI son importantes
Lograr la productividad y la optimización de los procesos en el ámbito de las TI implica disponer de componentes de infraestructura dotados de las tecnologías adecuadas y disponibles en los entornos apropiados, todos ellos gestionados con los sistemas idóneos para garantizar una experiencia de despliegue fiable, coherente y predecible. Para ello se necesitan API que permitan la integración con el ecosistema de orquestación del centro de datos, plantillas de servicios que permitan aprovisionar y configurar servicios rápidamente a partir de una base coherente y estandarizada y un centro de mando centralizado desde el que supervisar y gestionar la distribución de esos servicios tanto en las nubes externas, de ámbito público, como en las internas, de ámbito privado. Un ADC preparado para la nube no solo debe estar listo para su despliegue en la nube pública, una característica importante, sino también para su despliegue en la nube privada, una característica cada vez más relevante. Y, más aún, debe ofrecer la posibilidad de aumentar la productividad gracias a las economías de escala que se consiguen mediante la automatización y la orquestación.
Pero no se trata solo de hacerlo más rápido y con mayor frecuencia, sino también de mejorar la productividad de quienes supervisan y gestionan un número cada vez mayor de ADC preparados para la nube que dan soporte a aplicaciones tanto en el centro de datos como en la nube. Esto implica reducir el número de consolas y API que es necesario aprender a utilizar y aprovechar. También supone ofrecer una forma mejor de gestionar las licencias y hacer un seguimiento del uso, sin necesidad de recurrir a hojas de cálculo manuales ni dominar los aspectos más complejos de Excel. Asimismo, implica proporcionar una plataforma centralizada de gestión de flujos de trabajo, pensada para los desarrolladores, que permita a los equipos de desarrollo y operaciones tratar la infraestructura «como código» sin renunciar a los requisitos empresariales de rendición de cuentas y auditoría.
Delegar en la automatización las tareas manuales repetitivas mediante scripts y plantillas siempre ha sido una forma aceptable de mejorar la productividad y la rapidez en el ámbito de TI. Un ADC preparado para la nube reconoce esta realidad y permite que TI evolucione más allá de los simples scripts hacia la orquestación de procesos y, en última instancia, la optimización. Admite la nube en todas sus formas y ofrece a las organizaciones la libertad de elegir el mejor entorno para cada aplicación, sin renunciar a los servicios.
Un ADC preparado para la nube es una plataforma de servicios de aplicaciones que puede implementarse en la nube, en el centro de datos, en hardware personalizado o en componentes COTS. Es programable y sumamente práctico para aprovechar las ventajas de un enfoque de «infraestructura como código» aplicado a los servicios de aplicaciones. Cuenta con herramientas para gestionar, supervisar, aprovisionar, conceder licencias y configurar tanto macroentornos (nube pública o privada, dentro o fuera de las instalaciones) como microentornos (producción o desarrollo, pruebas o control de calidad).
No es un ADC preparado para la nube solo porque pueda implementarse en prácticamente cualquier entorno de nube. Es un ADC preparado para la nube porque permite aprovechar la agilidad, los modelos de negocio y las ventajas asociados a la nube.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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