“«Las arquitecturas empresariales actuales limitan el negocio a las capacidades humanas… Para revertir esta situación y hacer posible la escala digital, la arquitectura empresarial debe ampliarse para incluir la observabilidad y la automatización como capacidades fundamentales».”
Probablemente hayas oído alguna variante del dicho: «No podemos triunfar mañana con las capacidades de hoy». No es un concepto nuevo. La innovación es clave para la supervivencia de cualquier sector o empresa. Lo mismo ocurre con las arquitecturas empresariales sobre las que se sustentan los negocios.
Una innovación que está recibiendo mucha atención últimamente es la IA generativa. Sin embargo, la IA, impulsada por el aprendizaje automático, se sustenta en la base de la automatización. Y aunque se pueden automatizar procesos manuales y tareas repetitivas, el éxito y el efecto multiplicador de la automatización no se materializan plenamente sin su contrapartida: la observabilidad.
Pensemos, por ejemplo, en las innovaciones del sector de la automoción y en cómo han influido en el conductor medio. Si conducías hace 25 o 30 años, probablemente llevabas un mapa en la guantera del coche. Si viajabas a un lugar desconocido sin un copiloto que te ayudara a orientarte y te saltabas un giro o una salida, tenías que detenerte, desplegar el mapa sobre la parte delantera del coche y esforzarte por distinguir las diminutas líneas y los nombres de las calles para retomar el rumbo.
Aquí entran en juego la observabilidad y la automatización. Gracias a los avances en el seguimiento mediante el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), que consiste básicamente en un flujo de datos de ubicación, o telemetría, capaz de determinar la longitud y la latitud, los conductores podían utilizar dispositivos de navegación personales para saber dónde se encontraban con respecto a su destino sin tener que buscar la señal de tráfico más cercana. Además, estos dispositivos de navegación incorporaban funciones de automatización capaces de utilizar la telemetría recopilada para recalcular la ruta del conductor hasta su destino final. A partir de ahí, el conductor solo tenía que seguir la nueva ruta.
Observabilidad y automatización en la arquitectura
Las empresas digitales, a diferencia de sus homólogas con establecimientos físicos, no pueden prosperar sin que la arquitectura empresarial incluya capacidades de observabilidad y automatización. La experiencia digital de los clientes está vinculada a la disponibilidad, la seguridad y el rendimiento del servicio digital de la empresa.
La supervisión de los elementos de un servicio digital requiere una observabilidad integral de todos los sistemas y aplicaciones, en todas las ubicaciones —en las instalaciones, en la nube y en el extremo de la red—, para detectar degradaciones del rendimiento e identificar amenazas antes de que puedan afectar gravemente a la experiencia del consumidor y, por consiguiente, al negocio. Sin embargo, incluso con la información obtenida del flujo de datos operativos, la experiencia digital está en riesgo si no existe una automatización completa. Las acciones manuales, la corrección y la mitigación no permiten satisfacer la demanda a gran escala, porque «no hay margen para la intervención humana cuando cada milisegundo cuenta». A eso nos referimos cuando hablamos de una empresa verdaderamente digital.
Pensemos, por ejemplo, en el conductor mencionado anteriormente que utiliza su sistema de navegación. La automatización del sistema tiene un alcance limitado; es el conductor quien debe decidir si sigue la nueva ruta. Si alguna vez ha conducido por la ciudad esperando a que el GPS recalcule la ruta, quizá haya experimentado la frustración de pasarse el desvío una y otra vez debido al tiempo adicional que necesita el sistema para procesar los datos que indican que se ha desviado, identificar una nueva ruta y actualizar el mapa justo cuando termina de atravesar la intersección hacia la que le había redirigido. La automatización completa de un servicio digital se asemeja más a los vehículos autónomos. En su arquitectura, la observabilidad y la automatización no son, desde luego, elementos añadidos a posteriori. Están plenamente integradas en los cimientos para garantizar una evaluación y un análisis constantes, así como la adopción de medidas que permitan ofrecer una experiencia óptima a los pasajeros.
Tanto en el caso de los negocios digitales como, salvo contadas excepciones, al conducir un coche, las personas siguen siendo quienes toman las decisiones en última instancia. Sin embargo, para tomar decisiones óptimas se necesita información, y esa información procede de señales digitales, ya sea de un sistema GPS o de una solución de observabilidad integral. Un negocio digital no puede corregir el rumbo más rápido de lo que se tarda en tomar decisiones, y la rapidez con la que se toman esas decisiones depende por completo de la velocidad con la que un sistema puede ingerir y analizar datos, y generar información útil para actuar. Para los negocios digitales, eso implica observabilidad y automatización. Por tanto, debemos modernizar la arquitectura empresarial para incorporar estas funciones como capacidades esenciales.
Para saber cómo implementar estas capacidades clave y conocer las ventajas adicionales que aportan a un negocio digital, lea «Observabilidad y automatización», un capítulo escrito por Mike Wiley, vicepresidente de Ingeniería y director de Tecnología de Aplicaciones, en nuestro libro de O’Reilly, «Arquitectura empresarial para negocios digitales».
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