API significa interfaz de programación de aplicaciones. A lo largo de los años, ha evolucionado desde una especificación imperativa estrechamente acoplada hasta un modelo declarativo débilmente acoplado. Las API más comunes hoy en día son las RESTful y se utilizan para facilitar la integración. Independientemente de su implementación y del modo de invocación, las API suelen estar asociadas al desarrollo de aplicaciones.
Pero hay otra economía de las API que no ha dejado de crecer: la del ámbito de las operaciones. Y, en ese ámbito, la «A» de API significa automatización.
Lo que representan las API en el ámbito operativo es la capacidad de automatizar la incorporación, la configuración y el funcionamiento de la infraestructura y los servicios de aplicaciones. Por tanto, las interfaces —las API— necesarias para respaldar las operaciones deben centrarse en simplificar la automatización.
Este enfoque es importante a medida que las organizaciones se adentran de lleno en la segunda fase de la transformación digital y comienzan a ampliar la automatización en los procesos de entrega y despliegue. Para ampliar la automatización, es necesario poder desarrollar procesos coherentes, repetibles y predecibles que materialicen el proceso de despliegue de una aplicación.
Un informe de Kentik sobre el estado de la automatización en 2019 indicó que más de la mitad de las organizaciones (53 %) ya utilizaban la automatización para configurar la red, mientras que otro 40 % automatizaba la gestión de políticas. Nuestra propia investigación muestra un porcentaje mucho mayor: una amplia mayoría del 86 % automatiza la red. Esa misma investigación, Estado de los servicios de aplicaciones 2020, también ha constatado una creciente uniformidad en el grado de automatización a lo largo del proceso de despliegue.
Las herramientas que utilizan las organizaciones también están cambiando. Aunque Python sigue siendo una de las opciones más populares, estamos observando la influencia de DevOps y de las aplicaciones nativas de la nube en las TI. El proceso de despliegue depende cada vez más de herramientas como Jenkins y Ansible, y se activa desde repositorios como GitHub y GitLab Enterprise. De cara al futuro, la infraestructura y los servicios de aplicaciones se regirán por información práctica generada mediante análisis avanzados.
Serán los sistemas, y no las personas, los que invocarán las API a lo largo del proceso de despliegue. Por tanto, es imprescindible diseñar API operativas específicamente orientadas a la automatización. Esto implica tener en cuenta varias consideraciones.
En primer lugar, puede que sea necesario tener en cuenta el sistema desde el que se podría invocar una API operativa. Sin duda, los datos disponibles en Jenkins o en un repositorio serán muy distintos de los procedentes de las herramientas y los servicios tradicionales de automatización de redes. Esto podría implicar obtener datos de otras fuentes o utilizar valores estandarizados de forma predeterminada siempre que sea posible.
En segundo lugar, es fundamental que abordemos la necesidad de diferenciar la invocación de API por parte de «máquinas con credenciales» de la invocación por parte de «usuarios con credenciales». La mayoría de nuestros sistemas de autenticación actuales presuponen que el «usuario» es una persona. Las claves de API pueden ser una buena opción, pero su implantación, funcionamiento y gestión requerirán cierto aprendizaje por parte de los equipos de operaciones de TI, ya que se trata de un sistema diseñado para mantener credenciales exclusivas para máquinas. Aun así, esto es esencial a medida que avanzamos hacia la tercera y última fase de la transformación digital, en la que los servicios de aplicaciones y las operaciones asistidos por IA asumirán una mayor parte de las cargas operativas.
Es fantástico que hoy podamos utilizar herramientas para crear scripts con los que automatizar las operaciones. Pero es importante reconocer que, en el futuro, la A de API hará referencia casi exclusivamente a la automatización —al menos en el contexto de las operaciones—, debido a cómo afectará a las interacciones y las invocaciones entre máquinas, en lugar de entre personas.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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