El término «usuario», en el contexto del ámbito de las aplicaciones, siempre se ha referido a la entidad que interactúa con una aplicación. En su día, las pruebas de aceptación de usuario eran una de las etapas finales del desarrollo de una aplicación, durante la cual las personas que iban a interactuar con ella se reunían para determinar si era aceptable y cumplía sus requisitos empresariales.
A medida que la tecnología ha evolucionado, también lo ha hecho la definición de usuario. Esta evolución puede atribuirse a la madurez de Internet y al rápido aumento de la potencia de cálculo. La afirmación de que nuestros teléfonos inteligentes tienen más potencia de cálculo que la utilizada para llegar a la Luna en 1969 solo resulta curiosa porque es cierta. Los avances en el diseño de hardware han permitido concentrar una increíble potencia de cálculo en componentes muy pequeños.
Del mismo modo que los cambios en las arquitecturas de las aplicaciones impulsan cambios en las tecnologías que permiten distribuirlas y protegerlas, los cambios en la definición de usuario han provocado cambios en dónde se implementan las aplicaciones.
En la era de los centros de datos, los usuarios eran casi exclusivamente personas que accedían a las aplicaciones desde el lugar de trabajo. Por ello, los centros de datos casi siempre se ubicaban en las mismas instalaciones que la empresa a la que prestaban servicio.
Durante la era de la nube, Internet hizo posible un nuevo modelo operativo —la nube pública— para atender mejor a una nueva categoría de usuarios que accedían a las aplicaciones desde casa. Las aplicaciones debían ser accesibles de forma más amplia y sencilla desde distintas ubicaciones, ya que los usuarios ahora accedían a ellas desde múltiples lugares.
Hoy en día, están surgiendo nuevas categorías de usuarios que, además de seres humanos, incluyen software, máquinas, dispositivos y sensores. Estos usuarios acceden a las aplicaciones desde cualquier lugar. En noviembre de 2020, solo en Estados Unidos, el 45,38 % del tráfico web procedía de teléfonos móviles. El estadounidense medio cuenta con más de diez dispositivos conectados diferentes. Los televisores, los electrodomésticos e incluso nuestras bombillas utilizan aplicaciones a través de Internet.

Este cambio en la definición y distribución de los usuarios es un importante factor impulsor de la computación en el borde.
Consideremos el Informe anual sobre Internet de Cisco y su análisis y previsión, según los cuales «para 2023 habrá en la Tierra más del triple de dispositivos conectados a la red que de seres humanos. Aproximadamente la mitad de las conexiones mundiales serán conexiones entre máquinas, y el ámbito M2M estará dominado por “cosas” orientadas al consumidor en hogares inteligentes y automóviles». (RCRWireless News)
Las empresas siempre han procurado ofrecer aplicaciones que lleguen a los usuarios allí donde estén. Ahora deben atender a usuarios de todo tipo en los extremos de Internet. Las aplicaciones que permiten a personas y máquinas realizar operaciones comerciales y ejecutar las tareas asignadas deben estar más cerca de los usuarios que interactúan con ellas.
Una de las principales razones es la necesidad universal de velocidad. Ya sea para mejorar el rendimiento de una aplicación o para responder rápidamente y dar instrucciones a un dispositivo, tanto las personas como las máquinas recurren a la computación en el borde para obtener la velocidad que necesitan.
En concreto, dos de los tres principales casos de uso del edge computing, según los encuestados en nuestro estudio anual son:
- Mejorar el rendimiento de las aplicaciones (43 %)
- Computación, procesamiento o análisis en tiempo real que requieren una latencia inferior a 20 ms (34 %)
De esto se puede deducir que las velocidades actuales no son lo suficientemente rápidas. Una de las razones es la composición de las aplicaciones, que hoy en día genera una latencia considerable. Con una infinidad de componentes, cada uno de los cuales requiere tiempo para su búsqueda y recuperación, no es de extrañar que el rendimiento de las aplicaciones siga causando problemas tanto a las marcas como a los usuarios, pese al aumento constante de la velocidad y la capacidad de las redes.
Y aunque la potencia de cálculo ha aumentado drásticamente con el tiempo, la red sigue determinando la velocidad a la que podemos transferir datos. Con varios usuarios humanos y aún más máquinas y sistemas conectados en cada hogar, aumentar el ancho de banda disponible no basta para lograr un mejor rendimiento. En muchos casos, sencillamente no es posible aumentar el ancho de banda ni la velocidad de la red debido a las leyes de la física y la economía.

Por tanto, acercar las aplicaciones —especialmente aquellas que procesan y analizan datos— es una solución que las empresas pueden aprovechar, ya que la ubicación de las aplicaciones es la variable más flexible de la ecuación del rendimiento.
Estamos entrando en una era en la que las aplicaciones deben ser tan móviles como sus usuarios. Una era en la que los centros de datos y la nube pública desempeñan un papel, pero no como «destino final» de la implementación. En su lugar, los centros de datos empresariales y en la nube servirán como fuentes de recursos informáticos, de red y de almacenamiento que podrán integrarse en una red de recursos más amplia y flexible, distribuida entre distintas ubicaciones por las que las aplicaciones podrán desplazarse con fluidez y bajo demanda.
Esa era es la era del edge, y creemos que la plataforma que la hará posible es Edge 2.0.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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