En muchos aspectos, el último año nos ha deparado una mala noticia tras otra: la pandemia de COVID, la desaceleración económica, los recortes de empleo y, lo peor de todo, la pérdida de demasiadas vidas. Afortunadamente, muchos elementos del sistema estadounidense han demostrado ser relativamente resistentes ante estos reveses. Durante este mismo periodo, se han producido numerosos incidentes de ciberseguridad de gran repercusión, algunos a pequeña escala y otros con mayor eco mediático. La brecha de seguridad de SolarWinds supuso una llamada de atención para la comunidad de la ciberseguridad, ya que un ataque a la cadena de suministro de software no solo afectó a la víctima inicial, sino también a todas las entidades comerciales y agencias federales que utilizan su software. Las organizaciones de TI aún están sufriendo y evaluando las consecuencias de este ataque, y seguirán haciéndolo durante algún tiempo. Aunque el ataque trascendió a los medios de comunicación ajenos a la comunidad de TI, sus efectos apenas se percibieron entre los consumidores. Sin embargo, resultó ser el presagio de otro ataque que no solo afectaría al sector tecnológico en general, sino directamente a la población estadounidense. La brecha de seguridad de Colonial Pipeline demostró hasta qué punto son vulnerables nuestros sistemas y cómo un ataque puede provocar una alteración generalizada de la sociedad estadounidense. Lo sé porque el sábado pasado estuve buscando gasolina…
La Orden ejecutiva del 12 de mayo para mejorar la ciberseguridad de la nación establece un enfoque multidimensional para mitigar este tipo de ataques. Como se analiza a continuación, cualquier fallo en la capacidad para detectar y notificar las amenazas, aplicar medidas de protección a tiempo y, en última instancia, defenderse de ellas puede desencadenar un efecto en cascada que determine si se logra neutralizarlas. En otras palabras: a los atacantes les basta con acertar una vez. Los profesionales de la ciberseguridad deben acertar siempre.
La importancia crítica de la confianza cero
El concepto de confianza cero existe desde hace tiempo. El Gobierno federal conoció principalmente este modelo a través de la iniciativa de modernización TIC 3.0, basada esencialmente en la confianza cero. La iniciativa TIC 3.0 surgió ante la necesidad de que las agencias federales permitieran que los datos y servicios federales se alojaran fuera de su perímetro de seguridad mediante servicios en la nube. Lamentablemente, la protección adecuada de los datos confidenciales compartidos entre los proveedores de servicios en la nube y las agencias no ha alcanzado un umbral de riesgo aceptable, algo que señala la reciente orden ejecutiva.
El Gobierno federal debe poder obtener datos sobre amenazas de sus socios para mantenerse al tanto de las amenazas de seguridad más recientes. Con la publicación SP 800-207, el NIST ha dado un paso excelente para definir qué debe significar la confianza cero para el Gobierno federal.
La visibilidad es más importante que nunca
Muchas agencias y empresas siguen teniendo puntos ciegos en sus estructuras de ciberseguridad. Si los ataques no son visibles, no se pueden detectar, notificar ni mitigar. La visibilidad se ha convertido en un problema aún mayor debido a la proliferación de SSL/TLS en partes de la red tradicionalmente consideradas seguras o internas, como consecuencia de la necesidad de cifrar todas las transmisiones de datos. Además, la visibilidad es esencial para que el paradigma de confianza cero funcione correctamente, ya que el punto de aplicación de políticas (PEP) de confianza cero debe disponer de todos los datos necesarios para decidir adecuadamente si se debe permitir o no el acceso.
Aspectos relativos a la notificación, la supervisión y el intercambio de inteligencia sobre amenazas
La visibilidad de las amenazas es esencial para su detección; a continuación, por orden de prioridad, se sitúan la notificación, la supervisión y la capacidad de compartir inteligencia sobre amenazas. Compartir adecuadamente esta inteligencia proporciona un mecanismo que permite confirmar una amenaza o la gravedad del riesgo que supone y, lo que es aún más importante, facilita a los analistas de ciberseguridad todos los datos necesarios para cuantificar una amenaza nueva.
Desde hace tiempo están en marcha iniciativas como CDM para contribuir a la consolidación y la notificación de datos sobre amenazas. Algunos procesos y métodos de recopilación de inteligencia sobre amenazas están muy por debajo de los estándares exigidos, especialmente porque siguen existiendo importantes puntos ciegos en algunas redes. Esto provoca un efecto en cascada en todo el ámbito de la protección de la ciberseguridad. En última instancia, los equipos de ciberseguridad necesitan ver todas las transacciones y los datos desde el cliente hasta la aplicación para poder realizar las evaluaciones más precisas posibles de las posibles amenazas. En el ecosistema de socios federales debe existir un intercambio sin trabas de inteligencia sobre amenazas. Este intercambio también es fundamental para detectar amenazas en la cadena de suministro de software.
La agilidad en materia de seguridad cobra cada vez más importancia
Sin duda surgirán nuevas amenazas, que obligarán a los equipos de ciberseguridad a implementar medidas de protección adicionales o nuevas. La cuestión es: ¿con qué rapidez pueden estos equipos aplicar dichas medidas de forma segura y sin causar interrupciones? Está claro que la capacidad de detectar amenazas y actuar con agilidad es ahora esencial para garantizar una protección adecuada. El sector de TI está experimentando una importante transformación para ganar agilidad. La capacidad de ofrecer aplicaciones modernas de forma rápida y segura, reduciendo al mínimo las interrupciones, se conoce como DevSecOps. Esta práctica de desarrollo moderna permite a las organizaciones ser más ágiles a la hora de implementar medidas de ciberseguridad de forma segura y sin causar interrupciones.
La estrategia y las tácticas de Cloud Smart cobran impulso
Las medidas de seguridad predeterminadas implantadas por los proveedores de servicios en la nube han permitido trasladar la seguridad de los entornos locales a los entornos en la nube y se han convertido en un factor clave para la adopción de estos servicios. Aun así, los usuarios de la nube suelen dar un salto de fe al confiar en que los proveedores están «haciendo lo correcto» en materia de ciberseguridad, al tiempo que les ceden cierto grado de control sobre los datos y la seguridad. El intercambio de información entre los proveedores de servicios en la nube y los organismos debe formar parte del ecosistema federal de colaboración para ofrecer una seguridad más integral.
Cada uno de estos entornos debe cumplir un estándar de ciberseguridad más exigente. Obtenga más información sobre cómo F5 Government Solutions puede ayudarle a alcanzar y superar el nivel de seguridad asociado a la reciente Orden Ejecutiva sobre Ciberseguridad aquí.
Por Ryan Johnson, director de Ingeniería de Soluciones de F5 U.S. Federal Solutions
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