“Cada día se generan más de 2,5 trillones de bytes de datos, y esta cifra no hará más que aumentar. Se estima que, para 2020, se generarán 1,7 MB de datos por segundo por cada persona del planeta.”
Nos estamos ahogando en un aluvión de datos. Se generan, recopilan, transfieren, modifican y analizan constantemente. La omnipresencia de los datos impregna todos los aspectos de nuestra vida. Incluso cuando no estamos produciendo datos activamente —por ejemplo, al escribir esta publicación—, el oscuro mundo de la recopilación de datos sigue funcionando. Mi frigorífico comprueba constantemente sus sensores internos para avisarme cuando llega el momento de pedir un filtro nuevo. Mi reloj mide —y almacena— periódicamente mi frecuencia cardíaca. Mi proveedor de servicios recopila datos de telemetría que le indican dónde estoy y la intensidad de la señal entre mi teléfono y las torres de telefonía móvil más cercanas.
Todo para generar esto:
1,5
18,738
3,141592653589
44,5133° N, 88,0133° O
73
Esto son datos. Datos sin procesar. Vistos en su forma más pura, sin alterar, no son más que números y letras. Puede que algunos tengan sentido (has reconocido pi, ¿verdad?), pero otros son indescifrables. Esto se debe a que, por sí solos, los datos tienen muy poco valor. Si pegara aquí los datos que representan el último meme o vídeo viral, no serías capaz de entenderlos. Aunque algunas personas pueden extraer fragmentos de información de los datos sin procesar, la inmensa mayoría de la población mundial no puede hacerlo. Esto significa que los 2,5 trillones de bytes de datos generados carecen prácticamente de sentido.
Esto contradice todos los mensajes que oímos. Los datos son el futuro. Los datos son los reyes. Los datos no tienen precio.
Los datos son el combustible que impulsa la economía digital. Pero, al igual que el combustible, no tienen verdadero valor hasta que se utilizan en algo como un coche, un autobús, un avión o la caldera de casa. En el mundo digital, ese «algo» es una aplicación que interpreta, analiza y muestra los datos de forma que podamos utilizarlos.
Los bits y bytes que impulsan la economía digital son generados, dirigidos, recopilados y analizados por las aplicaciones. Esto convierte a las aplicaciones, como señaló nuestra propia Kara Sprague, en el activo más importante que posee una empresa. Sin aplicaciones que permitan interactuar con la desconcertante variedad de datos generados, estos no valen más que el disco en el que están almacenados.
La importancia estratégica de los datos solo puede materializarse mediante una aplicación. Y una aplicación solo puede cumplir su propósito interactuando con los datos. Esta interdependencia estratégica se aprecia claramente en el informe de este año sobre el estado de los servicios de aplicaciones.
Las aplicaciones y los datos son inseparables
Lo cierto es que, hoy en día, las aplicaciones tienen un profundo impacto en las estrategias, decisiones y políticas empresariales. Los encuestados señalaron el análisis de macrodatos (47 %) como la opción más estratégica. IaaS (46 %), SDN (42 %) y el análisis de amenazas en tiempo real (41 %) ocupan el segundo, tercer y cuarto puesto, respectivamente.
Curiosamente, estas cuatro tendencias se dividen en dos categorías: las centradas en los datos (big data y análisis de amenazas en tiempo real) y las centradas en las aplicaciones (IaaS y SDN). Las primeras se ocupan del análisis y posterior uso de los datos, mientras que las segundas son componentes necesarios para alcanzar el objetivo empresarial de lanzar aplicaciones con mayor frecuencia, algo que casi la mitad (48 %) de los encuestados señaló como consecuencia de las iniciativas de transformación digital.
Teniendo esto en cuenta, no fue ninguna sorpresa comprobar que el aprendizaje automático/la inteligencia artificial (38 %) y la nube privada (38 %) siguen de cerca a las principales tendencias estratégicas. Las organizaciones comprenden claramente el valor de los datos y su importancia para el éxito futuro. Por tanto, las aplicaciones que recopilan, almacenan y analizan esos datos, y actúan en función de ellos, revisten una importancia capital.
Ambos son inseparables. Donde encontramos aplicaciones, encontramos datos. Donde encontramos datos, encontramos aplicaciones.
Tendencias centradas en los datos | Tendencias centradas en las aplicaciones |
Análisis de macrodatos | IaaS |
Análisis de amenazas en tiempo real | SDN |
ML / IA | Nube privada |
Decisiones impulsadas por aplicaciones
La influencia de las aplicaciones y los datos en las organizaciones no se limita a la estrategia. Tanto a la hora de elegir la nube para el despliegue como de decidir la protección mediante un firewall de aplicaciones web (WAF), la aplicación ocupa un lugar central.
Las organizaciones tienen, de media, entre dos y seis proveedores de nube diferentes. Los tres criterios principales para elegir uno de ellos a la hora de desplegar una aplicación se centran en la propia aplicación, incluido el tipo de usuario que la utilizará.

Al analizar cómo toman las organizaciones las decisiones de seguridad en relación con la protección WAF de las aplicaciones, observamos que la propia aplicación es el criterio principal, seguida muy de cerca por los datos.

Lo que el informe State of Application Services nos muestra claramente es que, desde un punto de vista estratégico, las aplicaciones y los datos tienen la misma importancia. Sin aplicaciones, los datos son prácticamente inútiles. Incluso los dispositivos IoT dependen de aplicaciones, aunque sean muy pequeñas y específicas. El dispositivo puede ser la fuente de los datos, pero es una aplicación la que los recupera y los transmite a otra aplicación, donde se procesan y almacenan. Al fin y al cabo, el Internet de las cosas es el negocio de las aplicaciones. Y resulta que esto también se aplica al resto de la economía digital.
Por supuesto, el corolario de la importancia que tienen las aplicaciones para los datos es que, sin datos, la mayoría de las aplicaciones son prácticamente inútiles. El carácter esencial de los datos para la economía digital exige, por tanto, que las aplicaciones se consideren igual de importantes. Siendo realistas, las aplicaciones tienen una ligera ventaja en cuanto a importancia, simplemente porque, sin ellas, no se puede actuar sobre los datos ni utilizarlos de forma significativa para orientar las decisiones empresariales.
Por tanto, parece razonable afirmar que las aplicaciones son el activo más valioso que posee actualmente una empresa, ya que constituyen las puertas de acceso y las guardianas de petabytes de datos de gran valor. En consecuencia, su disponibilidad, seguridad y velocidad son importantes tanto para los consumidores como para los miembros de la empresa que interactúan con ellas.
Y eso significa que los servicios de aplicaciones que hacen que estas sean rápidas, seguras y estén disponibles no harán sino crecer a medida que aumente la importancia de las aplicaciones a las que dan soporte.
Para obtener más información sobre el estado de los servicios de aplicaciones y las tendencias y tecnologías que impulsan su implementación y uso, tanto en las instalaciones como fuera de ellas, consulte el informe interactivo de este año.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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