Han pasado ya 10 años desde que Amazon revolucionó el mundo digital con el lanzamiento de Amazon Web Services, o lo que la mayoría de nosotros llamamos hoy «nube pública». Desde entonces, el panorama se ha vuelto cada vez más complejo, con diversos modelos nuevos que se combinan con modelos antiguos y centros de datos para ofrecernos hoy una auténtica cornucopia de opciones, todas ellas englobadas bajo el amplísimo concepto de «nube».

Poco después de la aparición de la nube pública, surgió la nube privada virtual. Dada la importancia que las empresas conceden al control y la seguridad, la nube privada virtual se convirtió en la forma de ampliar sus operaciones a la nube sin compartir recursos con prácticamente cualquiera. Como es lógico, no teníamos del todo claro cómo afectarían los «vecinos ruidosos» o el uso compartido de recursos a indicadores empresariales clave, como el rendimiento de las aplicaciones y los requisitos normativos relativos a los controles de seguridad. Por ello, la nube privada virtual ofrecía cierta tranquilidad al proporcionar «privacidad» con la flexibilidad de la nube pública.
En cuanto la «nube» se convirtió en «LO MÁS», los proveedores de servicios de aplicaciones (ASP) se reinventaron como proveedores de servicios en la nube bajo la denominación de software como servicio (SaaS). Durante mucho tiempo, las empresas han tenido que decidir entre «desarrollar o comprar», y el SaaS les ofreció una tercera opción: «alquilar». La mayor parte del crecimiento de la «nube» durante sus primeros años se debió al SaaS. Aunque los expertos proclamaban que la nube en general era un éxito indiscutible, la realidad era que el SaaS sostuvo todo el mercado durante años, mientras las organizaciones pasaban de comprar software a alquilárselo a los mismos proveedores, que a su vez adaptaron sus modelos de negocio para dar cabida a este cambio.
Desde el principio era inevitable que las organizaciones acabaran adoptando la nube como modelo operativo y base arquitectónica para las aplicaciones —que son muchas— que se empeñan en mantener en sus propias instalaciones. A medida que los motivos para adoptarla pasaron de centrarse en el ahorro de costes a buscar una mayor agilidad y rapidez —gracias a la influencia de la creciente economía digital—, las organizaciones recurrieron cada vez más a la nube privada (en sus propias instalaciones) como forma de beneficiarse de esa rapidez y agilidad sin renunciar a los requisitos específicos que les impedían migrar a la nube pública.
La economía digital incluye el IoT y su primo, el IIoT (Internet industrial de las cosas), y ambos están ejerciendo rápidamente una presión cada vez mayor tanto sobre las organizaciones como sobre los proveedores de servicios en la nube. Estas tecnologías y la creciente importancia del rendimiento de las aplicaciones en general han impulsado la aparición de otra tecnología híbrida, a menudo denominada «nube en centros de colocación», porque la descripción más larga (y, hay que reconocerlo, más precisa) resulta agotadora tanto de decir como de escribir. Las nubes en centros de colocación (o ubicaciones de interconexión con la nube, si se quiere ser más preciso) están experimentando un crecimiento extraordinario gracias a su capacidad intrínseca para satisfacer las necesidades de seguridad y control de las organizaciones (por el lado de la colocación), junto con la flexibilidad y el ahorro de costes de la nube pública (por el lado de la interconexión). Al responder a necesidades casi primarias de seguridad, control y, como se ha comprobado, rendimiento, no cabe duda de que la adopción de las nubes en centros de colocación seguirá aumentando durante los próximos dos años.

Lo que prácticamente nos lleva hasta hoy, con múltiples configuraciones de nube en el bufé empresarial entre las que las organizaciones pueden elegir, combinar y adaptar a sus necesidades. Por eso solemos decir que «lo híbrido es la nueva normalidad». Aunque quizá no sea un uso del todo preciso del término «híbrido», sí transmite la idea que se pretende expresar: que las organizaciones utilizan la nube en prácticamente todos los modelos surgidos durante los últimos diez años. Y no solo la utilizan, sino que un número considerable de ellas sigue considerando que tiene un impacto estratégico.
La nube, en todas sus formas, sigue ocupando el primer puesto entre las tecnologías que las organizaciones encuestadas en nuestro Estado de la entrega de aplicaciones consideran que tienen un impacto estratégico en el negocio. Las aplicaciones móviles, otra fuerza disruptiva de la economía digital (y, según algunos, su motor), son la única tecnología no relacionada con la nube que se sitúa por encima de esta. En 2016, el 45 % de las organizaciones señaló que las aplicaciones móviles tenían un impacto estratégico, por encima de todas las distintas modalidades de nube. En 2017, esa cifra ha caído hasta apenas el 33 % de las organizaciones, situándolas por debajo de las distintas modalidades de nube. (Podrás obtener más información al respecto en enero de 2017, cuando publiquemos los resultados completos. ¡No te lo pierdas!)
La nube ya no es un único modelo operativo cuyo arquetipo es EC2 de Amazon. Durante los últimos diez años, se ha transformado y ampliado hasta abarcar diversos modelos que comparten los mismos conceptos fundamentales de abstracción, automatización, orquestación y computación como servicio público. Cada uno de ellos ha surgido para satisfacer necesidades específicas que los demás modelos no cubrían. Y cada uno constituye una forma legítima de «nube» con valor estratégico por derecho propio.
Y también lo será lo que venga después. Y no cabe duda de que habrá algo más. Porque, si algo han demostrado los últimos diez años, es que una buena idea no puede quedar confinada a un único modelo y que, a medida que surgen nuevos retos, evolucionan nuevas formas de abordarlos. La diáspora es inevitable y, en el caso de la nube, ha sido algo muy, muy positivo, porque disponer de distintas opciones da a las organizaciones la libertad de adoptar la transformación digital sin tener que renunciar a requisitos fundamentales, ya sean la seguridad o el rendimiento, el control o los costes.
Brindemos por otros diez años apasionantes de computación en la nube.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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