Suena el despertador, te sobresalta y pone fin antes de tiempo a ese sueño increíble en el que vuelas sin ninguna preocupación. No pasa nada, todos tenemos ese sueño.
Decides pulsar el botón de repetición e intentar recuperar esa sensación de ingravidez y libertad, pero no hay manera. ¡A estas alturas ya debería existir una aplicación para eso! Apenas nueve minutos después, vuelve a sonar el mismo tono estridente de la alarma y, con decepción y aún más cansancio, acaba resignándose a empezar el día, aunque sea de mala gana.
El orden de lo que viene después varía bastante según la personalidad de cada uno. Puede que seas una persona sobrehumana que empieza el día haciendo ejercicio y deja en evidencia al resto de los mortales. O quizá, como tantos de nosotros, no seas persona hasta tomarte el primer café. Después, toca desayunar algo rápido, ducharse y emprender el largo trayecto entre el atasco del pasillo hasta el sofá, el escritorio, la mesa del comedor, la encimera de la cocina o cualquier oficina improvisada que hayas montado en la era de la COVID-19… justo a tiempo para la reunión matutina del equipo por Zoom.
Un día en la vida
Para los administradores de redes o de BIG-IP, probablemente sea algo distinto. Su labor suele comenzar —y terminar— con su objetivo principal: garantizar que la red, las implementaciones de BIG-IP y las aplicaciones que se ejecutan en ellas se mantengan en buen estado, seguras, disponibles y con un buen rendimiento. Antes de la pandemia, esta era una función crucial para la mayoría de las organizaciones. Ahora que el trabajo remoto —y el acceso remoto a las aplicaciones, los datos y las redes corporativas— se ha convertido en la norma, esta tarea es comparable a la de Atlas sosteniendo el mundo sobre sus hombros. Si a esto se suman montañas de solicitudes puntuales de servicio, la investigación de alertas y el intento de compaginar prioridades cambiantes, puede parecer una lucha cuesta arriba, pero pocas cosas son más esenciales.
Al fin y al cabo, las aplicaciones son el motor de la empresa moderna. Son el medio por el que se realiza el trabajo, los clientes interactúan con las marcas y se ofrecen experiencias digitales positivas. Y no nos engañemos: todas las organizaciones se dedican ya a ofrecer experiencias digitales—especialmente a medida que más aspectos de la vida y el trabajo pasan a desarrollarse de forma remota y en línea. En resumen, una buena experiencia de usuario, un alto rendimiento, cero tiempo de inactividad, transacciones seguras y un alto grado de personalización ya no son elementos diferenciadores, sino la norma.
Garantizar que las aplicaciones puedan ofrecer estas experiencias digitales manteniéndose disponibles, con un buen rendimiento y seguras no es fácil. En el informe sobre el estado de los servicios de aplicaciones del año pasado, descubrimos que gestionar aplicaciones en entornos multinube plantea varios retos, entre los que destacan el mantenimiento de las políticas y el cumplimiento normativo. Durante años, la plataforma insignia de F5, BIG-IP, ha estado a la vanguardia a la hora de ayudar a nuestros clientes (y a sus aplicaciones) a afrontar este reto. Sin embargo, hay que reconocer que la gestión, la visibilidad y la automatización eficaces de BIG-IP, especialmente en implementaciones de mayor tamaño y con múltiples entornos, han sido tradicionalmente complejas.
Esto es especialmente cierto cuando se adopta un enfoque fragmentado e individualizado para la gestión de BIG-IP.
Qué hacer al respecto
Está claro que se necesita una estrategia más moderna para abordar los anteriores retos de administración de BIG-IP, una estrategia que combine la visibilidad basada en RBAC, el análisis y los flujos de trabajo de gestión integral para aplicaciones en distintos entornos, así como diversos escenarios de automatización y autoservicio. Un enfoque centralizado ofrece numerosas ventajas, como un menor coste total de propiedad, operaciones optimizadas, iniciativas de cumplimiento más sencillas y coherencia en las implementaciones y las políticas. BIG-IQ Centralized Management reúne todas estas ventajas y ayuda a las organizaciones con implementaciones de BIG-IP, tanto grandes como pequeñas, a tomar el control y sacar más partido a sus inversiones. Además, BIG-IQ mejora la gestión con el lanzamiento de BIG-IQ 8.0.
Esta última versión ayuda a los equipos de redes a mantener mejor sus implementaciones de BIG-IP, optimizar los flujos de trabajo, mejorar el rendimiento de las aplicaciones, responder a los cambios dinámicos en los entornos de implementación y obtener una mayor visibilidad y un conocimiento más profundo del panorama de aplicaciones. Todo ello sin olvidar el refuerzo general de la seguridad del producto mediante la actualización del código base subyacente.
Algunas de las nuevas e interesantes funciones y capacidades de BIG-IQ Centralized Management 8.0 son:
- Integraciones de API abiertas que permiten a BIG-IQ proporcionar datos a F5 Beacon—una solución SaaS que ofrece una visibilidad de alto nivel y el mapeo de aplicaciones
- Compatibilidad con las versiones más recientes de AS3 y Declarative Onboarding, que forman parte de la cadena de herramientas de automatización declarativa Automation Toolchain
- Una versión subyacente actualizada de TMOS que reduce la deuda técnica
- Aumento de la capacidad de gestión de aplicaciones: de 500 a 1000
- Programación y exportación automatizadas de informes analíticos, lo que garantiza que todo el equipo tenga visibilidad
- Compatibilidad con las últimas versiones de los módulos BIG-IP
Para obtener más información sobre BIG-IQ Centralized Management, haga clic aquí. Asimismo, le invitamos a asistir a un seminario web y demostración en directo de BIG-IQ que tendrá lugar el miércoles 17 de marzo. ¡Esperamos verle allí!
...y no se pierda la próxima entrada de esta serie, en la que descubrirá cómo BIG-IQ 8.0 puede mejorar la gestión y la visibilidad de las soluciones de seguridad de F5, lo que contribuye a reforzar la postura general de seguridad y la protección frente a amenazas en todo su entorno.
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