Estamos entrando en un nuevo mundo de «aplicaciones adaptativas». Esto es lo que significa.

Ecosistema de F5 | 11 de agosto de 2020

Hoy en día, todas las empresas operan en el ámbito de la experiencia digital. Y, tras la COVID-19, dado que estas experiencias son ahora la principal vía mediante la que las personas interactúan y realizan transacciones con prácticamente cualquier organización, las expectativas de los clientes son más altas que nunca.

Las aplicaciones son el núcleo de las experiencias digitales. Cada vez que interactúas con una empresa por Internet, ya sea a través de su sitio web o de su aplicación móvil, las aplicaciones que esas organizaciones diseñan, desarrollan y gestionan son su carta de presentación ante los clientes.

La experiencia digital que ofrecen estas aplicaciones no solo es fundamental, sino que también puede ser frágil: según el App Attention Index de AppDynamics, casi el 80 % de los usuarios ha solicitado descuentos o reembolsos debido a una mala experiencia digital. Además, el 32 % afirma que abandonaría una marca a la que antes era fiel por una sola mala experiencia: ¡una sola!

Está claro que las expectativas en torno a las aplicaciones actuales son increíblemente altas y no dejan de aumentar. Este aumento está impulsado por empresas innovadoras —Amazon, Apple y Uber, por citar algunas— que siguen encontrando nuevas formas de transformar el mercado y diferenciarse mediante experiencias digitales. Sin embargo, a la mayoría de las empresas les cuesta seguir el ritmo de las crecientes expectativas de los clientes.

Muchas empresas cuentan con amplias carteras de aplicaciones que les permiten conectar con clientes, empleados y socios. Debido a factores como el coste, el riesgo y el cumplimiento normativo, estas aplicaciones suelen ser una compleja combinación de servicios y funcionalidades integrados mediante tecnologías tradicionales y modernas. Pensemos en un banco con una aplicación móvil moderna y atractiva que muestra información sobre las cuentas o recurre a la lógica de negocio procedente de un sistema back-end obsoleto, que debe mantenerse para garantizar la fiabilidad y la continuidad de unos sistemas complejos que no pueden modificarse todos a la vez.

Los retos relacionados con la seguridad también son abrumadores y parecen estar agravándose. Uno de los motivos es la complejidad. Nuestro último informe sobre el estado de los servicios de aplicaciones, publicado en enero de 2020, puso de relieve las dificultades que tienen las organizaciones para gestionar la seguridad de sus aplicaciones en los actuales entornos multinube. Otro motivo es la rápida evolución del panorama de amenazas, en el que el coste de los ataques sofisticados sigue disminuyendo, mientras que el de la defensa continúa aumentando. En particular, la enorme cantidad de filtraciones de datos de la última década ha permitido que prácticamente cualquier ciberdelincuente del mundo pueda apoderarse de cuentas de aplicaciones comprobando en qué sitios web han reutilizado sus contraseñas los usuarios. La investigación de F5 Labs revela que el ochenta y seis por ciento de los ciberataques tienen como objetivo las aplicaciones o las identidades asociadas a ellas. El número de ataques contra aplicaciones aumenta cada año y, en plena pandemia mundial, hemos observado un repunte sin precedentes.

Y luego está el reto de la visibilidad. Para ofrecer una experiencia digital atractiva, es fundamental poder optimizar el rendimiento de cada aplicación. Comprender cómo fluye el tráfico de las aplicaciones —y dónde y cómo ajustarlo— requiere una visibilidad granular y completa de extremo a extremo. Sin embargo, la infraestructura y los servicios que sustentan estas aplicaciones son complejos y están aislados entre sí, por lo que muy pocas organizaciones han desarrollado esta capacidad, ni siquiera para sus aplicaciones más críticas de cara al cliente.

Todos estos problemas se ven agravados aún más por la enorme escala. En la era de los microservicios y la computación distribuida, no es posible mantener bajo control una cartera de aplicaciones en constante expansión sin una automatización cada vez más sofisticada.

F5 considera que un elemento importante de esta automatización más sofisticada es permitir que las aplicaciones se adapten. Al igual que un organismo vivo, las aplicaciones adaptativascrecen, se reducen, se defienden y se recuperan por sí mismas en función del entorno en el que se encuentran y del uso que se hace de ellas. Esto se aplica tanto a las organizaciones nativas digitales y de la nube como a las empresas consolidadas con una combinación compleja de arquitecturas tradicionales y modernas.

En la práctica, ¿qué aspecto tiene esto? Ya he escrito anteriormente sobre lo que se conoce como la ruta de datos de las aplicaciones —el recorrido que sigue el tráfico de las aplicaciones para llegar al usuario final— y los servicios de aplicaciones —el conjunto de funcionalidades situadas a lo largo de dicha ruta para proporcionar a los usuarios finales un acceso seguro y fiable a la lógica de negocio de las aplicaciones—. Los servicios de aplicaciones incluyen funcionalidades que facilitan la entrega de aplicaciones, como servidores de aplicaciones, servidores web, controladores de entrada, equilibradores de carga, búsquedas de DNS y redes de distribución de contenidos (CDN). Otro conjunto de servicios de aplicaciones facilita la seguridad de las aplicaciones e incluye cortafuegos de aplicaciones web (WAF), acceso seguro a las aplicaciones, tecnologías contra ataques DDoS, tecnologías contra bots y defensas frente al fraude y los abusos. En esencia, estos servicios de aplicaciones constituyen la base de las experiencias digitales de los clientes. Durante el último año, hemos utilizado el término «del código al cliente» para referirnos a este conjunto de funcionalidades presentes a lo largo de la ruta de datos de las aplicaciones.

Cada uno de estos servicios de aplicaciones genera datos valiosos sobre lo que ocurre con el tráfico de las aplicaciones, como la latencia, el enrutamiento y la aplicación de políticas. Recopilar esa telemetría proporciona la visibilidad granular necesaria para poder modificar los controles y las configuraciones con el fin de optimizar el rendimiento y la seguridad a lo largo de la ruta de datos de las aplicaciones.

Muchas de estas capacidades ya están implementadas, pero para dar el siguiente gran paso hacia las aplicaciones adaptativas, debemos añadir algunas más: una capa de análisis y automatización que reciba la telemetría procedente de los servicios de aplicaciones y les envíe de vuelta la configuración. El aprendizaje automático y otras técnicas de IA pueden permitir que el sistema aprenda de patrones de tráfico históricos o similares y proporcione información precisa sobre lo que está ocurriendo, así como sobre la mejor forma de avanzar en la optimización.

Una aplicación adaptativa puede utilizar esta telemetría para crecer, reducirse y ajustar su comportamiento según las necesidades. Piénsalo de este modo: probablemente, tu cadena de cafeterías internacional favorita tenga una aplicación móvil que te permita encontrar el establecimiento más cercano, pedir bebidas desde el teléfono, pagar directamente con un monedero electrónico y acumular puntos de recompensa. Todas esas interacciones necesitan una infraestructura que garantice su rendimiento y seguridad. Como el consumo de café se dispara por la mañana, no es necesario distribuir los mismos recursos de manera uniforme por todo el mundo las veinticuatro horas del día: los recursos cambiarán en función de las necesidades del negocio. Con las aplicaciones adaptativas, puedes ampliar los recursos de rendimiento, seguridad y experiencia de usuario para atender la demanda de primera hora de la mañana en Londres y, después, redistribuirlos en centros de datos o puntos de presencia (PoP) de la costa este de Estados Unidos para cubrir las horas de mayor consumo de cafeína en Nueva York… y seguir al sol en su recorrido hacia el oeste.

Además, las aplicaciones adaptativas pueden defenderse y recuperarse por sí solas. Así, si un agente malicioso intenta atacar o defraudar a la aplicación para robar datos, dinero o recompensas, la aplicación puede aprender mediante IA y aplicar ese conocimiento en toda la red para bloquear nuevos intentos de ese agente o actividades similares de otros agentes. En esencia, así es como funciona Shape Security en la actualidad. Mediante técnicas de IA, Shape distingue el tráfico automatizado (bots) del generado por personas, así como el tráfico malicioso del legítimo. A partir de ahí, la organización puede definir previamente políticas que permitan a Shape bloquear automáticamente el tráfico malicioso o facilitar el acceso a los clientes humanos.

A partir de los sistemas de IA de Shape, F5 puede analizar la telemetría procedente de su amplia cartera de tecnologías de ruta de datos, que abarca desde balanceadores de carga BIG-IP y soluciones WAF hasta servidores web NGINX y puertas de enlace de API, así como F5 Cloud Services y los servicios gestionados de Silverline. Al aprovechar la telemetría de estos componentes, podemos obtener una visibilidad detallada del flujo del tráfico de las aplicaciones. Con el tiempo, es posible deducir patrones y establecer umbrales para detectar anomalías e indicar cuándo es necesario intervenir. Además de señalar una aplicación o un servicio de aplicación específico que requiera una intervención, también podemos realizar parte del diagnóstico para sugerir las causas raíz más probables del problema.

Los operadores humanos pueden establecer reglas sobre cómo deben gestionarse problemas similares. De este modo, la aplicación adaptativa no solo se escala y se protege, sino que también aprende y mejora con el tiempo.

Actualmente, lo habitual es que estas acciones no se produzcan automáticamente en entornos híbridos o multinube. Se requiere una gran cantidad de políticas y scripts implementados manualmente para establecer lo que, en la práctica, es una capacidad de adaptación codificada de forma rígida. Hoy en día, la mayoría de las empresas se encuentran en una situación en la que, si la experiencia de un cliente es deficiente, se enteran primero a través de Twitter y después tienen que apresurarse a recabar suficientes datos concretos para dar con una solución. Este método de gestión de aplicaciones, este proceso estático en el que la organización administra sus recursos de forma manual, no permite escalar para satisfacer las altísimas expectativas de experiencia del cliente a las que se enfrentan actualmente las empresas.

En un mundo de aplicaciones adaptables, los servicios de las aplicaciones escalan de forma autónoma en función de la demanda. Se protegen a sí mismos y alertan al sistema general si experimentan algún problema. Se integran para ofrecer al usuario final una experiencia lo más adaptable posible, con capacidad para configurarse y coordinarse de cara a distintos tipos de experiencias. El resultado final es una experiencia digital extraordinaria para el usuario final de la aplicación.

Gracias a las inversiones que F5 ya ha realizado, estamos en el buen camino para hacer realidad esta visión para nuestros clientes. Estamos desarrollando una plataforma de servicios de aplicaciones que cambiará radicalmente la forma en que se entregan y protegen las aplicaciones, lo que en última instancia ayudará a los clientes a ofrecer las experiencias digitales diferenciadas que se han vuelto tan importantes para todas las organizaciones.

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Etiquetas: 2020

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