Desde principios de siglo (nunca me cansaré de decirlo), las redes se han convertido cada vez más en un producto de consumo. Pensemos en el uso generalizado de «routers» en las redes domésticas para ofrecer una conectividad prácticamente lista para usar a los aproximadamente 15.140 millones de dispositivos inteligentes que hay en todo el mundo.
La red sigue siendo la misma conectividad IP de toda la vida, de capas 2 y 3, que todos conocemos y apreciamos. Está tan estandarizada y es tan predecible que los fabricantes pueden crear cajas negras que permiten incluso a los usuarios con menos conocimientos técnicos conectarlas a Internet junto con todos sus dispositivos.
Pero eso es un único entorno. Si añadimos algo de nube pública y, cada vez más, computación en el borde, la cosa deja de ser tan sencilla.
Para complicar aún más lo que ya de por sí no es sencillo, añada la necesidad de garantizar la conectividad de las aplicaciones en todos esos entornos y tendrá los ingredientes de un sistema complejo que frustra incluso a los profesionales de redes más experimentados.
Ahora bien, los aspectos habituales de las redes son, como su nombre indica, habituales, y la mayoría de los profesionales de redes son más que capaces de gestionar el envío de paquetes desde el núcleo hasta la nube y el extremo, y viceversa. Pero cuando a eso se le añade la conectividad de la capa de aplicación, la cosa se complica.
La cuestión es que, en un mundo moderno y digital, las redes deberían incluir por defecto esas capas de conectividad. Al fin y al cabo, la «red» consta de siete capas, no solo de las dos que están altamente estandarizadas y regidas por protocolos bien definidos. Esto significa que las capas de transporte (capa 4) y de aplicación (capa 7) DEBEN —en el sentido de «DEBEN» de las RFC— incluirse cuando hablamos de redes en un entorno híbrido y multinube.
La entrega y la seguridad de aplicaciones operan en esas capas superiores. Es precisamente lo que estas tecnologías están diseñadas para optimizar y proteger. Por tanto, si intenta conectar aplicaciones entre distintos entornos, debe tener en cuenta toda la pila de red, desde IP y TCP hasta HTTP. Debe incluir la entrega y la seguridad de aplicaciones en el proceso de configuración de «la red» porque, por definición, forman parte de «la red».
Durante años, nosotros (y con «nosotros» me refiero a la empresa) hemos distinguido entre aplicaciones tradicionales y modernas. Esta distinción es necesaria debido a las necesidades específicas de conectividad y arquitectura de las aplicaciones móviles y basadas en microservicios. Así que quizá haya llegado el momento de establecer la misma distinción en el ámbito de las redes. Las redes tradicionales se centran en las capas L2 y L3. Las redes modernas abarcan desde la capa L4 hasta la L7.
Por desgracia, hoy en día resulta difícil alcanzar cualquier objetivo «full stack»: visibilidad full stack, desarrolladores full stack, redes full stack. Esto se observa en el mercado actual de la confianza cero, donde el enfoque se centra realmente en las redes de confianza cero en lugar de en una arquitectura de confianza cero plenamente funcional.
Y eso se debe, en parte, a que las capas superiores de la «red» son más fluidas y dinámicas, y resulta más difícil proporcionarlas y protegerlas.
Ofrecer redes multinube que solo aborden la complejidad de las capas L2-3, o incluso L2-4, no es suficiente. No resuelve la parte realmente difícil de las redes, que se encuentra en la capa L7. Por eso creemos que los enfoques de red tradicionales no solucionan realmente los retos de complejidad asociados al funcionamiento en un modelo multinube.
Las redes multinube DEBEN abarcar toda la pila tecnológica si se pretende aliviar los quebraderos de cabeza que supone gestionar las aplicaciones distribuidas y los servicios digitales que definen el mundo digital.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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