Si pensabas que los monolitos solo existían en los mainframes, no has tenido en cuenta el impacto de la integración.

Según nuestro estudio anual, un porcentaje significativo (57 %) de las organizaciones ha avanzado hasta la segunda fase de la transformación digital. Esta fase se caracteriza por la expansión digital, a medida que las organizaciones conectan aplicaciones para crear un flujo de trabajo digital, lo que en términos más generales denominamos una experiencia digital. Esto provoca un aumento de la integración entre aplicaciones. Este crecimiento suele centrarse en unas pocas aplicaciones clave, responsables de coordinar los flujos de trabajo entre las distintas funciones empresariales. Aunque existe una tendencia a centrarse en las aplicaciones que implementan directamente una experiencia de cliente, en todos los ámbitos empresariales surgirán aplicaciones que acabarán siendo fundamentales para sus experiencias digitales. Estas aplicaciones se convertirán en el equivalente moderno de un monolito.
Una integración extraordinaria es una característica definitoria clave de los monolitos
Se consideran arquitecturas monolíticas aquellas desarrolladas con un enfoque «todo en uno». La lógica y el acceso a los datos se centralizan en una única aplicación. Estas aplicaciones suelen asociarse a sistemas mainframe y tecnologías heredadas, pero se puede utilizar cualquier lenguaje y entorno para crear una aplicación basada en una arquitectura monolítica.
La dependencia empresarial de este tipo de arquitecturas genera una serie de dependencias que afectan a una amplia variedad de aspectos, como la seguridad, el uso de la nube e incluso la captación de talento.
Esto se debe al aumento de la integración, es decir, al incremento del número de aplicaciones que dependen del monolito para acceder a los datos y ejecutar procesos empresariales. Un buen ejemplo de ello se encuentra en el sector bancario, donde los monolitos se utilizan para gestionar cuentas financieras y se convierten en sistemas transaccionales de backend esenciales para multitud de nuevos servicios. El procesamiento de pagos, por ejemplo, es un servicio relativamente nuevo cuyo funcionamiento depende de las aplicaciones de cuentas existentes. Cada servicio de pago adicional aumenta la dependencia de esa aplicación y hace que sustituirla resulte más costoso y arriesgado.
Estas extraordinarias dependencias son un factor clave en las decisiones empresariales. Descubrimos que casi una de cada tres empresas (27 %) ha repatriado aplicaciones desde la nube pública. El principal motivo de esta decisión (47 %) fue el «alto nivel de interdependencia entre las aplicaciones locales y las aplicaciones en la nube». Esto contribuye al segundo motivo para repatriar aplicaciones desde la nube: unos costes superiores a los previstos (43 %). La integración implica la transferencia de datos, y estas transferencias constituyen uno de los costes ocultos, pero significativos, asociados al alojamiento de aplicaciones en la nube pública.
La existencia de un alto grado de dependencia debido a la integración no es exclusiva de la arquitectura de aplicaciones. La necesidad de mantener una lógica de negocio y unos almacenes de datos coherentes se satisface limitando las posibilidades de introducir errores. Como resultado, las aplicaciones clave se convierten en una fuente de referencia para el procesamiento de la lógica y el acceso a los datos.
Curiosamente, la modernización aumenta el uso de la integración porque se basa principalmente en API para ampliar el acceso de los componentes modernos a la lógica y los datos. De hecho, una encuesta realizada en 2019 a responsables de la toma de decisiones de TI reveló que «el 48 % afirma que modernizar los sistemas y las aplicaciones de TI existentes es uno de sus mayores retos de integración».
El acceso a datos coherentes también es fundamental para el éxito de una aplicación, independientemente de la arquitectura. O’Reilly señaló en su estudio sobre la adopción de microservicios que «no utilizar una base de datos gestionada de forma centralizada con microservicios suele estar asociado al fracaso». La necesidad de acceder a datos coherentes también aumenta el número de dependencias respecto a aplicaciones clave.
Como resultado, cualquier aplicación, independientemente de su arquitectura, podría convertirse en un «monolito moderno» debido a esta tendencia a atraer integraciones (gravedad del flujo de trabajo) para el procesamiento de la lógica y el acceso a los datos.
La expansión digital es un ejercicio de integración
A medida que las organizaciones avanzan en su proceso de transformación digital, amplían sus capacidades digitales. Estas capacidades se materializan en forma de flujos de trabajo digitales, que se implementan mediante la integración de múltiples aplicaciones y sistemas. En la actualidad, esta integración se lleva a cabo principalmente mediante API.
Esto hace que una o dos aplicaciones clave se conviertan en el eje central de un flujo de trabajo. Un estudio de IDC sobre la transformación digital indicó que, del 81 % de las empresas que implementan la automatización, el 65 % utiliza «software de flujo de trabajo integrado en otra aplicación, como gestión de contenidos empresariales, colaboración de contenidos, captura, firma electrónica, etc.»
Con el tiempo, estas aplicaciones se convierten en «monolitos modernos». Independientemente de su arquitectura subyacente, presentan características monolíticas en los aspectos que importan a la empresa: sustituirlas resulta demasiado costoso y arriesgado debido a su extraordinario nivel de integración. Llegan a ser tan difíciles de abordar como los monolitos tradicionales (de sistemas centrales) que siguen sirviendo de base a un porcentaje significativo de las organizaciones empresariales.
Las plataformas —estos monolitos modernos— son cada vez más estratégicas tanto para la empresa como para el CIO encargado de llevar a cabo la transformación digital.
Hoy contamos con la perspectiva que nos permite reconocer el auge de los monolitos modernos. Las áreas de negocio y TI deben ser conscientes de las repercusiones a largo plazo de estandarizarse en una plataforma de este tipo y planificar en consecuencia.
Sobre el autor

Lori MacVittie es ingeniera distinguida y evangelista jefe en la Oficina del CTO de F5, y cuenta con una amplia experiencia en entrega de aplicaciones, estrategia de automatización e infraestructura. Es conocida por convertir la complejidad en claridad, ya sea definiendo mecanismos de protección para agentes de IA, analizando arquitecturas multinube frágiles o explorando los límites de los sistemas escalables. Aporta más de treinta años de experiencia en el sector en desarrollo de aplicaciones, arquitectura de TI y operaciones de redes y sistemas. Antes de incorporarse a F5, fue una galardonada editora de tecnología. MacVittie posee un máster en Informática y es una autora prolífica cuyas publicaciones abarcan la seguridad, la nube y la arquitectura empresarial. También es una apasionada de los juegos de mesa y los videojuegos, y expresa sin complejos sus firmes opiniones sobre el queso.
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