En el camino hacia la innovación, no es raro que las arquitecturas fundamentales —los marcos y estándares que sirven de guía— se modernicen para permitir un progreso continuo.
Tomemos como ejemplo el telescopio. Dejaremos de lado la óptica y la teoría de la luz para centrarnos en la función que dio lugar a la estructura básica del telescopio. La gente quería poder ver «cosas lejanas como si estuvieran cerca» (AIP). Con la tecnología disponible, crearon una estructura que incluía lentes ópticas y un tubo cilíndrico. Eso fue hace más de 400 años.
Aunque los primeros telescopios se limitaban a dispositivos a través de los cuales las personas podían mirar físicamente, los científicos se dieron cuenta de que, con las nuevas tecnologías capaces de transmitir imágenes mediante ondas y lanzar objetos fuera de la atmósfera terrestre, era necesario actualizar el marco arquitectónico. Esto acabó haciendo posible el desarrollo del telescopio Hubble. Seguían siendo necesarias las lentes y un tubo cilíndrico, pero el marco ya no exigía que estuviera físicamente al alcance: los telescopios podían ser móviles y manejarse a distancia, lo que permitió seguir innovando.
En cambio, la arquitectura empresarial actual no se ha modernizado; es como si siguiéramos trabajando con el diseño inicial del telescopio. Al eludir esta importante evolución, las organizaciones generan más obstáculos a largo plazo. ¿Por qué? Porque, por lo general, es más difícil modificar los cimientos cuando ya sostienen una casa de tres plantas (por no mezclar metáforas). El proceso de transformación digital que están emprendiendo las empresas también es un camino de innovación continua, y nadie quiere llegar a un callejón sin salida y verse obligado a dar marcha atrás, pero eso es lo que les espera a las empresas digitales si no modernizan su arquitectura empresarial.
Los marcos obsoletos obstaculizan la innovación
Las arquitecturas empresariales (EA) actuales comenzaron a desarrollarse en la década de 1980 y, aunque desde entonces han experimentado varias revisiones, las EA más extendidas siguen utilizando los mismos fundamentos arquitectónicos que cuando se crearon. Tomemos, por ejemplo, The Open Group Architecture Framework (TOGAF), cuya primera versión se publicó en 1995. Su base sigue constando de los mismos cuatro dominios arquitectónicos: negocio, aplicaciones, datos y tecnología.
Esos cimientos se sentaron antes de que existiera internet. Y esto es, de hecho, parte del problema. Hoy en día, no es raro equiparar la tecnología con la conexión mundial que está tan arraigada en nuestra vida cotidiana. Aunque TOGAF ha logrado seguir ayudando a las empresas hasta la actualidad mediante sucesivas versiones, incorporando internet y nuevas capacidades a su arquitectura, no fue diseñado específicamente para las posibilidades actuales: los negocios digitales. Nuestra comprensión de lo que es posible impulsa la necesidad de modernizar la arquitectura empresarial.
Modernizar para la movilidad
A medida que los avances tecnológicos abren nuevas posibilidades, la arquitectura empresarial debe adaptarse a las nuevas limitaciones —o a la ausencia de ellas— para mantener una innovación continua. Avances como el Wi-Fi y el 5G han cambiado el panorama. Las aplicaciones informáticas pueden salir del centro de datos y los usuarios ya no son estáticos, sino móviles. Cada vez es mayor la necesidad de contar con un marco arquitectónico moderno, diseñado expresamente para tener en cuenta estos y otros avances. Sin esta arquitectura empresarial modernizada, la innovación se estancará, lo que obstaculizará la transformación que las empresas necesitan para adentrarse de lleno en el espacio digital.
Proteger lo que es posible
En 2022, Estados Unidos y los países colaboradores terminaron de construir y lanzaron al espacio un nuevo telescopio, el telescopio espacial James Webb (JWST). Se diseñó con una arquitectura modernizada. Gracias a una visión actualizada de lo que era posible —incluida la capacidad de detectar y «ver» la luz infrarroja en lugar de limitarse a la luz visible, la capacidad de transmitir imágenes a la Tierra desde más de un millón de millas de distancia y mucho más—, los científicos consideraron que los telescopios podían ofrecer más funciones y prestaciones. Estas nuevas posibilidades trajeron consigo nuevos retos, por lo que el marco arquitectónico volvió a replantearse.
El telescopio espacial James Webb sigue utilizando lentes y necesita captar la luz a través de un recorrido, pero, en lugar de requerir un tubo cilíndrico para enfocar la luz entrante, su arquitectura evolucionó para cumplir su nuevo propósito: captar un espectro más amplio de luz, el correspondiente a las ondas infrarrojas. Este nuevo propósito también planteó un reto singular. Todo lo que se encuentra por encima del cero absoluto emite radiación infrarroja, por lo que era esencial reducir las interferencias de fuentes de calor como el Sol. El resultado fue un marco arquitectónico modernizado para responder a estas nuevas necesidades, que incluía el parasol, la plataforma de la nave espacial, los elementos del telescopio óptico (OTE) y un módulo integrado de instrumentos científicos (ISIM).

Figura 1 Telescopio espacial James Webb (NASA)
Del mismo modo, aunque las arquitecturas empresariales modernizadas deben diseñarse específicamente para admitir las nuevas capacidades de las que disponen las organizaciones tras la aparición de internet, también deben abordar los retos emergentes. Por ejemplo, la movilidad supone una amenaza para la seguridad, y el acceso y la conexión ubicuos aumentan el número de usuarios y la demanda de recursos. Estos son solo algunos de los puntos de fricción que los dominios de arquitectura tradicionales introducen en el camino hacia el negocio digital, lo que pone de manifiesto la necesidad de incorporar al marco nuevos dominios y conceptos que eliminen esa fricción, como la seguridad, la automatización y los servicios digitales.
Al igual que el telescopio ha evolucionado y se ha modernizado, las capacidades que nos ofrece la tecnología actual son mayores que las de hace 30 años. El hardware es más pequeño, los lenguajes de comunicación se han simplificado y, en general, la ciencia ha avanzado, lo que permite innovar aún más. Para las empresas, esto supone la posibilidad de conectar con sus clientes de una forma nueva: digitalmente. Sin embargo, la arquitectura empresarial sobre la que se sustentan debe diseñarse expresamente teniendo en cuenta lo que hoy sabemos que es posible. No se nos ocurriría limitar el estudio astronómico actual a una herramienta que podamos sostener con las manos; entonces, ¿por qué íbamos a limitar nuestras empresas a un marco arquitectónico desarrollado antes de la aparición de internet, la informática móvil y la ciberseguridad?
Para saber cómo modernizar la arquitectura para dar servicio a una empresa digital, consulta «La forma sigue a la función», el primer capítulo, escrito por Lori MacVittie, de nuestro nuevo libro de O’Reilly, «Arquitectura empresarial para los negocios digitales».
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